Iniciamos 2014 con optimismo

2014

Empieza un nuevo año que se presenta más que interesante. A las cuestiones de trascendencia política se le suma la tan cacareada recuperación económica. Después de seis años de crisis, ¿será el 2014 el de la recuperación?. Cada año los distintos gobiernos han anunciado la luz al final del túnel, con un entusiasmo digno de otras causas.

Sin embargo, ¿qué señales hay de esta recuperación?. Sin pretender tener dotes adivinatorias, nos encontramos con diversos signos que apuntan un cambio de tendencia. Las cifras del paro parecen remitir, aunque no hay creación de empleo. La famosa prima de riesgo vuelve a niveles del 2011 y la bolsa sube. El consumo interno ha crecido débilmente esta Navidad, y no caer es noticia.

¿Es todo ello suficiente? Veamos los cuatro pilares de una economía:

  • El consumo interno es bajo y seguirá sin grandes cambios. Los salarios a la baja, combinados con el alto endeudamiento que arrastrábamos, la falta de crédito y la enorme presión fiscal, provocarán no sólo poco consumo sino que consolidarán grandes cambios en las pautas del mismo.
  • Buena parte de las empresas seguirán sin acceso al crédito, toda vez que se lo lleva el Estado. Eso impide pensar en grandes inversiones por parte del sector privado lo que hará que empresas que pueden producir más no lo hagan.
  • El sector público seguirá sin consumir ni invertir debido a la pésima cifra de déficit del 2013, y eso con todos los recortes y subidas impositivas. Alguien debería ir asumiendo que estas políticas han fracasado absolutamente.
  • Finalmente nos queda el sector exterior, tanto por exportación como por turismo, que son nuestro salvavidas. Seguirá siendo fundamental en nuestra economía pero tiene indeterminaciones tales como el crecimiento de Alemania y Francia (nuestros principales clientes), la falta de inversión en I+D, y la caída de la “marca España” (con el esperpento de Sacyr Panamá como último ejemplo).

 

Así las cosas, ¿qué podemos hacer? En estas situaciones no existen grandes soluciones, si no pequeñas acciones que podemos llevar a la práctica:

  • Adaptar nuestros productos y servicios a la demanda actual del mercado. Nuestros clientes quieren y pueden consumir, pero no de la misma forma que antes de la crisis.
  • Estudiar a nuestro cliente, buscar que problemas tiene y ver como soluciona nuestra propuesta sus necesidades. Descubrir qué le aportamos de valor.
  • Diferenciarse. Nuestros clientes no están porque tengamos un producto único ni por amor. Algo debemos hacer que nos diferencie de la competencia.
  • Promoción, promoción y promoción. De nada sirve que tu empresa sea la mejor si nadie te conoce. Gracias a internet tenemos muchas herramientas que dependen más de la imaginación que del dinero.
  • Analizar detenidamente la propuesta de nuestros productos y servicios. ¿Son todos realmente necesarios? ¿Nos aportan valor? Como me dijo alguien una vez, damos demasiada importancia a determinadas actividades cuando nuestros clientes no están dispuestos a pagar por ello.
  • Tener una estructura de gastos fijos mínima. No se trata de recortar por recortar. Tener claros cuáles son aquellos gastos necesarios para nuestro negocio.
  • Subcontratar aquellos servicios y tareas que no sean esenciales, para destinar nuestros esfuerzos a las actividades principales.

 

¿Y tú cómo lo ves?. Explícanos que actuaciones tienes previstas.

 

PD: Por cierto, esta es la versión optimista.

 

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